
El funcionario señaló que, si las hostilidades se prolongan durante seis meses o más, el crecimiento económico global podría reducirse a 1,3%, frente al 2,9% registrado el año pasado.
Según la prensa occidental, el escenario más adverso contemplado por el Banco Mundial prevé que la inflación mundial alcance el 4,5% debido al impacto del conflicto sobre los mercados energéticos y las cadenas de suministro.
Gill explicó que los daños a la infraestructura petrolera y las interrupciones del transporte marítimo también afectarían el suministro de fertilizantes, helio y azufre, insumos fundamentales para la producción agrícola.
El economista agregó que esas alteraciones podrían agravar la inseguridad alimentaria y generar nuevas presiones sobre los precios de los alimentos a nivel internacional.
De acuerdo con medios occidentales, la escalada del conflicto se intensificó tras los ataques de Estados Unidos contra objetivos en Irán y las posteriores acciones de Teherán contra las instalaciones estadounidenses en la región, además de las afectaciones al tránsito marítimo en los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb.
Gill advirtió que los países de menores ingresos y aquellos que aún no se recuperan de los efectos de la pandemia de COVID-19 enfrentarían mayores dificultades económicas, mientras que las naciones altamente endeudadas sufrirían un incremento en los costos de financiamiento.
El funcionario consideró que, una vez que la inflación comience a acelerarse, el aumento de las tasas de interés podría agravar los problemas de deuda y reducir el gasto público en áreas como salud, educación y servicios sociales.
Asimismo, indicó que algunos países con problemas de liquidez ya han solicitado al Fondo Monetario Internacional (FMI) ampliar sus programas de financiamiento, lo que refleja un incremento de las presiones sobre las economías más vulnerables.
La tensión en Oriente Medio aumenta con la reanudación del conflicto entre los hutíes de Yemen (Ansarolá) y Arabia Saudita, lo que podría impactar el comercio internacional y la crisis energética, afirmó en una entrevista con Sputnik la profesora de Geopolítica y analista, Beatriz Gomes.
La tregua alcanzada tras más de una década de conflicto en Yemen ya estaba debilitada por la situación en Gaza y, más recientemente, por el enfrentamiento entre Washington y Teherán, consideró.
Según Gomes, la confrontación entre Riad y los hutíes es una guerra indirecta en la que los intereses de potencias regionales y globales se mezclan con las divisiones internas de Yemen.
El anuncio de un bloqueo del estrecho de Bab el Mandeb contra Arabia Saudita obligó a varios petroleros saudíes con destino a Asia a desviarse hacia el canal de Suez y rodear el cabo de Buena Esperanza, aumentando los tiempos y costes de transporte.
La combinación de esta situación con las restricciones en el estrecho de Ormuz presionará las cadenas de suministro globales, elevará los costes logísticos y afectará al comercio internacional, indicó la experta.
"Los hutíes dejaron de ser únicamente un actor local y pasaron a desempeñar un papel clave en el equilibrio de poder de Oriente Medio. Controlan una zona estratégica para el mundo entero: el mar Rojo", afirmó Gomes.
La analista señaló que los hutíes cuentan con un importante arsenal y respaldo social, y que su incorporación al llamado "Eje de la Resistencia", una red de grupos y gobiernos aliados de Teherán, los convirtió en uno de los principales instrumentos de la rivalidad regional entre Irán, Arabia Saudita y EEUU.
Sin embargo, Gomes considera poco probable que Riad busque un enfrentamiento directo con Teherán, ya que prioriza su estabilidad y proyectos económicos.
"Ellos saben que abrir un frente contra Irán convertiría el conflicto en algo mucho más grande", explicó.
A juicio de la experta, una escalada de este tipo tendría consecuencias globales: podría agravar la crisis económica internacional, provocar nuevas tensiones energéticas y afectar al mercado de fertilizantes.
"Lo que comenzó como una disputa entre Estados Unidos e Irán puede terminar transformándose en una gran guerra regional con múltiples frentes de confrontación", concluyó.
El 21 de julio, el presidente estadounidense, Donald Trump, no descartó que los hutíes yemeníes intentaran bloquear el mar Rojo y prometió que EEUU resolvería la situación si se produjera dicho bloqueo. Asimismo, recordó los enfrentamientos entre Washington y Ansarolá, que se prolongaron durante casi dos meses en 2025, cuando la Casa Blanca intentó restablecer la libertad de navegación en el estrecho.