
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el lunes, 12 de enero de 2026, un arancel del 25 por ciento a cualquier país que haga negocios con Irán, "con efecto inmediato".
Trump escribió en su plataforma Truth Social que "cualquier país que haga negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25 por ciento sobre todos y cada uno de los negocios que se realicen con Estados Unidos", pero no dio muchos más detalles.
La medida llega en un momento en que Irán enfrenta las protestas antigubernamentales más grandes y sostenidas de los últimos años, lo que ha provocado una represión brutal que ha dejado cientos de muertos y más de 10.000 detenidos. Los aranceles señalan la respuesta de Washington a estos disturbios, después de que la administración Trump descartara públicamente una acción militar contra Teherán.
China es el principal comprador de petróleo procedente de Irán, país que sigue bajo sanciones internacionales por el desarrollo de su programa nuclear. En 2025, China recibió alrededor del 80 por ciento de las exportaciones de crudo de Irán, según la firma de seguimiento energético Kpler, con sede en Bruselas.
Para mantener el flujo de petróleo sancionado, Irán depende de una sofisticada red de "flota fantasma", que incluye transferencias de barco a barco —a menudo en aguas del sudeste asiático o del golfo Arábigo— y el reetiquetado de cargamentos de petróleo como si procedieran de otros países, como Malasia o Emiratos Árabes Unidos (EAU).
Un rastreador de petroleros de la oenegé estadounidense United Against Nuclear Iran estima que China recibió 19,5 millones de barriles de petróleo iraní en 2025. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), este comercio opaco genera unos 43.000 millones de dólares (37.000 millones de euros) anuales en ingresos no declarados para el Gobierno iraní.
Más allá del petróleo, Irán exportó bienes por valor de 12.900 millones de dólares a nivel mundial en 2024, y más de un tercio de esas exportaciones no petroleras tuvieron como destino China, según el asesor de Inteligencia Comercial y Negociación de la ONU (TINA). Casi el 40 por ciento de las importaciones de bienes de Irán (8.950 millones de dólares) también procedieron de China en el mismo período, lo que subraya la profundidad de la relación económica.
Todavía hay muchas cuestiones abiertas sobre la medida: no está claro si el nuevo arancel de Trump se aplicará solo a bienes, si incluirá servicios como la banca y el transporte marítimo, si apuntará a vínculos comerciales indirectos o si fijará umbrales mínimos para "hacer negocios" con Irán, pero la decisión podría entrañar riesgos significativos para China.
Para empezar, aumentaría el costo de las exportaciones chinas a Estados Unidos en un 25 por ciento adicional, lo que podría elevar los aranceles totales al 45 por ciento o más, sumándose a las tasas ya existentes. Eso restaría competitividad a los productos chinos en el mercado estadounidense.
El nuevo gravamen también amenaza con descarrilar la frágil tregua comercial entre Estados Unidos y China, acordada en octubre, cuando ambas potencias se alejaron de una guerra comercial total al congelar nuevas subidas arancelarias, pausar los controles chinos a las exportaciones de tierras raras y comprometerse a reanudar grandes compras de soja estadounidense.
La decisión de Trump podría desencadenar una fuerte represalia de China, uno de los pocos países que el año pasado respondió a Washington ojo por ojo y diente por diente a los aranceles que le impuso Estados Unidos.
El martes 13 de enero, Pekín calificó el nuevo arancel de "sanciones unilaterales ilícitas" y prometió proteger sus intereses nacionales, mientras analistas advirtieron que el gravamen podría perturbar las cadenas de suministro globales y los mercados petroleros.
No está claro si la administración Trump eximiría a China del nuevo arancel. Crear una excepción para Pekín socavaría el objetivo declarado de la medida, que es presionar a Teherán, aislando a sus restantes aliados económicos.
Aplicar el arancel de forma estricta, sin embargo, conlleva el riesgo de provocar una confrontación importante con China en un momento en que las conversaciones comerciales con Estados Unidos ya son frágiles. Como uno de los mayores mercados de exportación de EE. UU., China conserva un considerable poder de negociación, especialmente en sectores como la agricultura y la industria manufacturera.
Además de su dominio en los minerales de tierras raras —necesarios para producir vehículos eléctricos y tecnología avanzada—, Pekín controla cadenas de suministro críticas de componentes industriales clave, lo que otorga a los negociadores chinos herramientas para ejercer presión si las conversaciones se deterioran.
Maurice Obstfeld, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), declaró al diario estadounidense Washington Post que el arancel a Irán sería "profundamente perjudicial para Estados Unidos", más que para China, y que no serviría para cambiar "en lo más mínimo el comportamiento de los iraníes". DW (gg)