
"Se puede soportar todo, menos la separación de los propios hijos. Por ellos, una aguanta", dice Julia Dvornichenko al hablar de su cautiverio en Rusia. Fue detenida en 2021, antes de la invasión rusa a gran escala de Ucrania.
Mucho tiempo estuvo sin poder hablar de lo que vivió, pero ahora ha roto su silencio. La mujer, originaria de Donetsk, pasó un año y medio en prisiones de la llamada "República Popular de Donetsk".
Durante su cautiverio, Dvornichenko no pudo ver ni una sola vez a sus hijos, Danylo y Mark. Relata que en Donetsk había entonces muchas mujeres encarceladas cuyos hijos menores las esperaban en casa.
Antes trabajaban como médicas, maestras, floristas o vendedoras, y las autoridades de la autoproclamada república de Donetsk las acusaron de "espionaje". Cada una de ellas, afirma Julia Dvornichenko, fue torturada en prisión para arrancarles "confesiones". "Los métodos eran los mismos para hombres y mujeres. Las torturaban con descargas eléctricas. A mí me desnudaron, me golpearon y me echaron agua", relata a DW.
Julia Dvornichenko perdió por primera vez su vida cotidiana en 2014, cuando su ciudad natal, Chistiákove (antes Torez), en el este de Ucrania, cayó bajo control de los separatistas apoyados por Rusia.
Huyó con su familia a Mariúpol, entonces bajo control ucraniano, pero poco después murió su marido y tuvo que regresar con sus hijos a Chistiákove. Para mantenerlos, trabajó como conductora de autobús. Transportaba personas desde la Chistiákove ocupada hacia territorios controlados por Kiev y viceversa. A veces llevaba también a sus hijos, "simplemente para respirar un poco y ver la diferencia con el territorio ocupado", dice. Pero, en 2021, los puestos de control dejaron de funcionar y Dvornichenko ya no volvió a salir de su ciudad.
Una noche recibió la visita de representantes del "ministerio de Seguridad del Estado de la República Popular de Donetsk". Fue detenida y acusada de "espionaje". Su hijo menor, Mark, de nueve años, dormía, pero el mayor, Danylo, de 17, presenció el registro de la vivienda y el arresto de su madre. Según su testimonio, los niños se quedaron solos en casa. El mayor cuidó del menor, mientras que los ocupantes prohibieron a los vecinos visitarlos o llevarles comida. "Mis hijos quedaron completamente solos", relata.
En la primavera de 2021, Julia Dvornichenko fue trasladada a la tristemente célebre prisión "Isolazia" (en español, "aislamiento"), en Donetsk. Además de violencia física, allí fue sometida a una fuerte presión psicológica: la amenazaron con enviar a sus hijos a una institución para huérfanos. "Dije que firmaría cualquier cosa con tal de que mis hijos no fueran al orfanato. Así confesé ser una ‘espía ucraniana'", cuenta. Finalmente, una amiga cercana de la familia pudo hacerse cargo de los niños.
Dvornichenko tuvo que esperar su juicio en una prisión de Donetsk. Sus hijos, Danylo y Mark, no podían verla; solo podían comunicarse por carta. Conserva fotos de aquel tiempo de separación. "Aquí hay una foto de Mark escribiéndome una carta a la cárcel. Para mí es una imagen terrible", dice.
Cuando en febrero de 2022 comenzó la guerra en Ucrania, la preocupación por sus hijos aumentó y la situación en cautiverio empeoró. A las ucranianas recluidas en celdas individuales se les prohibió usar objetos enviados por sus familiares. Durante los interrogatorios se intentaba quebrarlas psicológicamente. "Nos decían que Ucrania ya no existía y que no habría ningún intercambio de prisioneros", recuerda Dvornichenko.
Pero, en la práctica, los intercambios de prisioneros entre Ucrania y Rusia continuaron. Julia Dvornichenko y otras mujeres detenidas seguían las noticias como podían, con la esperanza de regresar a casa. Un día de octubre de 2022, ella y otras dos mujeres fueron sacadas de sus celdas y trasladadas a territorio controlado por Ucrania.
Julia Dvornichenko y otras mujeres que han regresado del cautiverio ruso se han unido en la organización "Numo.Sisters" ("Vamos, hermanas"). No solo quieren apoyarse mutuamente compartiendo sus experiencias, sino también luchar por la liberación de las mujeres ucranianas que aún permanecen detenidas. De los alrededor de 20.000 civiles ucranianos presos, más de 2.000 son mujeres, de acuerdo con estimaciones de activistas de derechos humanos.
La directora de la organización, Liudmila Huseínova, también fue liberada del cautiverio ruso en 2022. Señala que actualmente es muy difícil sacar a civiles detenidos de la Federación Rusa y de los territorios ocupados, ya que el derecho internacional no contempla la figura del prisionero civil. Según la organización, hasta ahora se han podido identificar con certeza a unas 40 mujeres civiles ucranianas retenidas en territorios ocupados o en cárceles rusas. Algunas de ellas ya han sido condenadas a largas penas de prisión.
"Lo peor para muchas mujeres con hijos pequeños es la separación. Es un horror que no debería existir en el mundo del siglo XXI", afirma Huseínova. DW (gg/ms)