
Aparentemente, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) han tomado partido en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, una postura que podría aislarlos de gran parte del resto del mundo árabe.
A principios de esta semana, se informó de que Israel y los EAU estaban creando un fondo de defensa, que permitiría a ambos países comprar armas de forma conjunta. La noticia, publicada por primera vez por el medio de comunicación Middle East Eye, citaba a dos funcionarios estadounidenses anónimos y no ha sido confirmada por ninguno de los dos Gobiernos.
Al parecer, el fondo se acordó durante una visita secreta que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizó a los EAU, y que hizo pública la tarde del 13 de mayo de 2026. Unas horas más tarde, los EAU negaron que la visita hubiera tenido lugar.
Un día antes, en un acto celebrado en Tel Aviv, el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, confirmó que Israel había prestado a los EAU armamento de defensa aérea para ayudarles a defenderse de los ataques aéreos de Irán.
Todo ello -junto con el anuncio a finales de abril de los Emiratos Árabes Unidos de que abandonaban la OPEP, el cártel de productores de petróleo al que han pertenecido durante 59 años- ha provocado una avalancha de análisis que afirmaban que Oriente Medio estaba cambiando radicalmente.
"El orden del Golfo, vigente desde hace décadas, se está desvaneciendo, y otro está tomando forma", escribió Cinzia Bianco, investigadora visitante del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en un comentario a mediados de mayo.
"El terremoto geopolítico desencadenado por los Emiratos Árabes Unidos es más que un conflicto regional temporal", afirmó recientemente Ma Young-sam, exembajador de Corea en Israel, en el diario en lengua inglesa The Korea Times. "Anuncia el surgimiento de un nuevo orden en Oriente Medio".
Marcus Schneider, que dirige el Proyecto Regional de Paz y Seguridad de la Fundación Friedrich Ebert en la capital libanesa, Beirut, describe los dos bloques emergentes de la siguiente manera: uno es un hexágono, formado por los Emiratos Árabes Unidos e Israel, y el segundo tiene forma de diamante, compuesto por Arabia Saudí, Pakistán, Turquía y Egipto. Estos últimos países, cuya población es mayoritariamente suní, también han sido denominados "el Cuarteto".
Schneider explica a DW que lo que une a Israel y a los Emiratos Árabes Unidos es que ambos están aplicando actualmente políticas de "disrupción" para intentar "reconfigurar Oriente Medio y más allá".
Netanyahu se ha jactado con frecuencia de que Israel está "cambiando el rostro de Oriente Medio", algo que repitió a principios de marzo, tras su ataque conjunto contra Irán junto con EE.UU. Los EAU también "pretenden redibujar el mapa de Oriente Medio y construir nuevas redes de influencia geopolítica y geoeconómica centradas en Abu Dabi", escribió Bianco en su nota. Pero también hay otras razones pragmáticas para la asociación. "Para los EAU, Israel ofrece recursos, redes, capacidades de defensa, destreza tecnológica e influencia en capitales de todo el mundo", prosigue Bianco.
Mientras tanto, el llamado "diamante" suní está aplicando un tipo de política diferente, comenta Schneider a DW. Aunque los saudíes han sido responsables de su buena parte de la desestabilización en el pasado, más recientemente su comportamiento ha cambiado, porque necesitan estabilidad para alcanzar sus objetivos económicos.
"Las alianzas que observamos en el Golfo no reflejan una gran estrategia calculada y permanente", dice a DW Ibrahim Öztürk, profesor de desarrollo económico en la Universidad de Duisburg-Essen, en el centro de Alemania. "En lugar de tomar partido, estos Estados se encuentran inmersos en una carrera frenética por desenvolverse en un entorno altamente volátil".
"Si analizamos la región únicamente desde la perspectiva de una escalada militar a corto plazo, el eje israelí respaldado por EE.UU. parece dominante", señala Öztürk. Sin embargo, añade, se trata de alianzas superficiales y temporales que, con el tiempo, se verán superadas por las circunstancias. DW (gg/ms)
Hasta ahora, Islamabad se presenta como una parte "neutral" en el conflicto, condenando los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y criticando duramente a Teherán por sus ataques contra los países del Golfo.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, se reunió el jueves (12.03.2026) en Yeda con el príncipe heredero saudita, Mohammad bin Salman. La visita se produce en un momento en que la guerra de Irán entra en su tercera semana, con Estados Unidos e Israel intensificando sus ataques contra el país persa, y Teherán atacando bases estadounidenses y otras zonas de Arabia Saudita y los países vecinos del Golfo. En el encuentro, Sharif manifestó su solidaridad con Arabia Saudita y aseguró al príncipe heredero que Pakistán siempre se mantendría firmemente del lado de Riad.
Desde el inicio de la guerra con Irán, el 28 de febrero, Islamabad ha intentado presentarse como una parte neutral, que mantiene relaciones cordiales tanto con las naciones árabes como con Irán. Pero Pakistán podría verse obligado a tomar partido si la guerra se prolonga durante más tiempo.
El primer ministro pakistaní y el jefe del Ejército y mariscal de campo de este país de mayoría musulmana, el general Asim Munir, han forjado estrechos vínculos con el presidente estadounidense, Donald Trump, en los últimos meses. Islamabad incluso se unió a la polémica Junta de Paz de Trump, cuyo objetivo es estabilizar Oriente Medio y supervisar la paz y la reconstrucción en la Franja de Gaza. Entonces, ¿por qué Pakistán no apoya abiertamente a Estados Unidos?
"Pakistán puede mantener relaciones de trabajo con Washington sin que por ello tenga que unirse a una campaña militar", explicó a DW Fatemeh Aman, experta en Irán y Pakistán e investigadora principal del Atlantic Council. "Entrar en una guerra con el país vecino acarrearía importantes costos: perturbaciones económicas, una posible inestabilidad a lo largo de la frontera entre Irán y Pakistán, y el riesgo de avivar las tensiones sectarias dentro de Pakistán. Estos factores imponen límites claros al grado de alineamiento militar que Islamabad puede alcanzar con Estados Unidos", añadió.
"Pakistán está mostrando simpatía diplomática al tiempo que evita involucrarse directamente en el conflicto. Su prioridad es evitar que la guerra se extienda más allá de su frontera occidental, desestabilizando su entorno interno o interrumpiendo el suministro energético y las rutas comerciales", dijo Aman. Por su parte, el portavoz de Sharif, Mosharraf Ali Zaidi, declaró a DW que su Gobierno está presionando para que se reduzca la tensión. "Pakistán no apoya los ataques de Irán contra los países del Golfo ni la campaña de bombardeos (estadounidense-israelí) en Irán", subrayó.
Aman, del Atlantic Council, cree que hay varios escenarios que podrían empujar a Pakistán hacia la guerra: "Si el territorio saudita o su infraestructura energética sufren ataques continuados y Riad solicita formalmente apoyo, Pakistán se vería sometido a una presión significativa para ayudar a un socio estratégico", señaló.
"La relación de Pakistán con Arabia Saudita proporciona apoyo económico, respaldo político y cooperación en materia de seguridad. Pero en un conflicto en el que se vea involucrado Irán, esa misma asociación complica la estrategia de equilibrio de Islamabad", afirmó Aman. Además, Pakistán y Arabia Saudí también tienen un pacto de defensa mutua, que establece que un ataque contra uno de los países se considera un ataque contra ambos, lo que compromete a ambas naciones a una intervención militar conjunta.
Maleeha Lodhi, experta en asuntos internacionales y exembajadora de Pakistán ante EE. UU. y la ONU, insiste en que la postura de Pakistán en el conflicto está más alineada con la de Irán.
"Pakistán ha condenado el ataque estadounidense-israelí contra Irán, sin mencionar a EE.UU. Los líderes pakistaníes han expresado sus condolencias por la muerte del ayatola Alí Jamenei. El primer ministro también felicitó al nuevo líder supremo, y los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países mantuvieron conversaciones durante la guerra", declaró a DW.
Al mismo tiempo, la opinión pública en Pakistán es firmemente proiraní, señaló. "No obstante, dados los estrechos vínculos de Pakistán con el Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente con Arabia Saudita, también ha condenado los ataques contra ellos".
La analista Fatemeh Aman, cree que es poco probable que Donald Trump se vea sorprendido por la postura de Islamabad. "Washington no espera que Pakistán entre directamente en la guerra. Siendo realistas, Estados Unidos espera que Pakistán impida las actividades antiamericanas y la violencia en su territorio, evite prestar apoyo a Irán, mantenga la cooperación en materia de seguridad e inteligencia y ayude a garantizar que las rutas marítimas del Golfo permanezcan abierta", subrayó.
"Si el conflicto se extiende y Arabia Saudita se enfrenta a ataques directos, las expectativas de Estados Unidos podrían cambiar. En tal situación, la presión sobre Islamabad para que apoye a Riad podría aumentar considerablemente, lo que reduciría el margen de maniobra de Pakistán para mantener una postura de no beligerancia", añadió. DW (mn/cp)